Después de la resaca pasan cosas (o como ponerse existencialista los domingos)

Se me derrite el cerebro
me caí de la bici 
me levanto y escucho 
a la vecina discutir con el chongo
todavía no entendió 
que el ya no la quiere más
pero le da paja decírselo 
porque es lo que siempre
nos termina pasando 
con lxs chongxs
la paja de hablar
suena desde no se donde
un tema que sabe a rancio 
y a adolescencia 
haciendo aparecer 
todos los fantasmas
que quedaron enterrados 
en lo que ahora 
podría llamarse 
un pueblo con falsa urbanidad
de la época amarilla que nos rodea
donde no hay ni ton ni ton 
ni tun ni tun
las palabras se proyectan 
como vómito de cinzano
y con carraspera en la garganta 
sin poder usar metáfora alguna 
que lo convierta en algo (¿más?)
poético
me agarro paja también 
(me habré contagiado 
del chongo de la vecina)
y me doy cuenta 
que nunca me di cuenta
que me gusta la palabra paja

paja
pajita
pajón

¿Cuántas horas entran 
en un minuto de locura?
Se hace la paja con el pensar
porque no puede con la realidad
entonces se pregunta
como paso tan rápido el tiempo
que es cíclico pero diferente a la vez
¿Qué es lo que hay de distinto ahora?
¿La edad? ¿El amor? ¿Las canciones?
Sin las palabras se piensa que no se puede demostrar 
¿El cuerpo no cuenta, acaso, lo que expresamos? 
Los interrogantes que no tienen respuesta alguna
no es una buena manera para comenzar a escribir
le decía el profe del taller de poesía.
¿Qué sabría él si esos interrogantes no tenían respuesta?
no le hizo caso
y acá está
preguntando
resistiendo
creando 
a través de la poesía
porque el arte es un oficio
es lo que aprendió actuando
que se entrena
se ejercita
porque la creación autónoma y colectiva en este sistema 
no es funcional
porque corrompe, desarma, crea nuevo sentido 
y en estos tiempos donde multiplicar el sentido 
multiplica el miedo 
hay que poner el cuerpo y enfrentar 
desde eso que creemos y creamos 
para transformarnos.

-No tengo todas las certezas hasta ahora
pero creo que empieza
por saber reírse con una misma- 
Me gusta pensar que el patio pulmón son los ecos del inconsciente de todos los que vivimos en el edificio, de lo que hacemos y hablamos todo el tiempo pero que no le prestamos atención. Más que nada a la noche cuando coincide que la mayoría estamos habitando nuestros departamentos y respiramos ahí. A veces retumba tanto todo que cuando me siento a escribir a la madrugada puedo escuchar lo que a mi vecino de enfrente le gusta lo que le hagan cuando tiene sexo o cuando la vecina discute con su novio por celular en altavoz o cuando hay reunión en el departamento 7 y planifican algún taller o actividad para transformar el mundo y tiran los puchos al piso junto a los que tiro yo cuando me desvelo en la madrugada porque me da fiaca buscar el cenicero en la cocina. 
Ellos podrían decir lo mismo de mí, cuando hago karaoke de los temple pilots, o cuando  tarareo lo que escribo en la madrugada o cuando digo lo que me gusta cuando cojo. A la larga nos escuchamos entre todos y sin saber cuáles son nuestras caras conocemos capaz más secretos que las personas que nos conocen a cada uno.

En el almacén de la vuelta o en la verdulería de la esquina nos cruzamos,  por lo general siempre me encuentro al vecino de enfrente,  nos saludamos y nos quedamos mirando un ratito sabiendo que a la noche, además de compartir el agua que chorrea de la bomba que está en el patio y del pedazo de cielo cuadrado que vemos, compartimos un poco esto de estar uno pegado al otro, separados por un patio pulmón que funciona como parlante de nuestro cotidiano.
Fue lo que duró
un frasco de flores
en la repisa

el viaje lento
la melodía rápida

a veces recuerda tanto
que olvida el principio

fue lo que duró
un poema de amor
en hacerse canción



Y a veces me acuerdo de las veces sentados en la ventana escribiendo el cartón de los puchos y nuestros ojos rojos de madrugada tratando de pasar el tiempo. Vos arriba mío, tratando de que salga algún verso para después cantarlo... pero ninguno sabía ningún acorde y menos alguna rima. 
Pasar el tiempo, eso hacíamos. El tiempo que ahora me fumo mientras me como una papa cruda, con el vino en el piso y la resaca en la cara. Claro, sí el vómito verbal en trance es mejor, además de que ya pasó el tiempo y todo quedó muy atrás como las calles que pasamos.
Porque hice lo que quise y me equivoqué como vos me cantabas con tu voz gastada de las 6 a.m en el banco afuera de mi casa. Porque me equivoqué haciendo lo que quise y es lo que mejor me sale, siempre. En trance, como después de la fiebre. Julio dice que así escribió uno de sus mejores cuentos. Tal vez él se equivocó. Como vos, como yo. Y nuestros ojos rojos querían decir eso
Porque hice lo que me equivoqué y me equivoqué como quise, como ahora que escribo en primera persona pero sin que sea personal, porque todo esto se lo escuché decir a una señora a otra que se convidaban pan mientras iba a pagar la cuota del gas. Y me quedé inmersa en esas palabras de la señora, acordándome de... qué se yo. Quise escribir todo esto antes de que se me olvidara, porque siempre olvido todo, me pasé de parada y se me venció el gas. 

Ahora entiendo porque la papa nunca se cocinó. 

Mini monólogo de las puntas filosas

El humo se disipa
entre las luces
quizás es la incertidumbre
más coherente
hasta ahora entre tanta oscuridad
que se siente
hasta que se vuelve una imagen:

un punto negro en la pared
se mueve 
desde el contorno hasta el centro. 

Hay un punto negro en la pared

¿Lo ves? 

hay un punto negro en la pared 

¡Zas!
las tardecitas grises con humedad
me hacen acordar a tus besos en la vereda