Mil diamantes amarillos

Mil diamantes amarillos se convirtieron en voces, 
estabas ahí sólo que no llegaste a escuchar
y todo se hizo más frágil para nosotros.
Sé que hay canciones que no podemos escuchar
por esta maldición en la que nos metimos;
vos allá, yo acá. Vos acá, yo allá.
Mudos, en el ruido de la ciudad,
en las voces de los desconocidos,
en las vías del tren,
en las calles desparramadas de colillas.
Inmutados por las demandas de la vida misma,
de la rutina, que tanto nos aqueja,
que, sin embargo, solo escribimos
sobre ello, sin hacer más.
Escribir, todo el tiempo,
acerca de los miedos, los más profundos,
de esos que duelen y no se ahogan en alcohol
y que… tampoco nunca supimos como combatirlos.
Porque los años nos quemaron y nos vimos enfrentados
uno al otro, deshaciéndonos. Desapareciéndonos.
Escribiéndonos desde las verdades que no se cuentan,
porque esas son las que verdaderamente importan,
sabiendo que yo siempre estaré acá
y vos siempre estarás allá.

2 comentarios:

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Sombrío y bien escrito.

Flora dijo...

Gracias Demiurgoo!!
QUe andes bien!!